Rev. Méd. RosaRio 91: 155-163, 2025
REVISTA MÉDICA DE ROSARIO 155
FUNCIÓN SEXUAL HUMANA: NUEVAS INTERPRETACIONES SOBRE
EL MODELO DE HELÍ ALZATE
JaiRo albeRto JiMeno oRozco
(1)*
, MaRiana beltRán Montoya
(2)
, diana caRolina ocaMpo
Muñoz
(3)
, adRiana aRcila RiveRa
(4)
(1) Médico (Universidad de Cartagena), Magíster en Salud Sexual y Reproductiva (Universidad El Bos-
que), Especialista en Sexología Clínica (Universidad de Caldas).
(2) Médica (Universidad CES), Especialista en Sexología Clínica (Universidad de Caldas).
(3) Médica (Universidad de Caldas), Especialista en Sexología Clínica (Universidad de Caldas), Especialis-
ta en Terapia Sexual y de Pareja (INESSPA), Docente de Medicina de la Universidad de Caldas, Docente
de la Especialización en Sexología Clínica de la Universidad de Caldas.
(4) Médica, Especialista en Educación Sexual, Máster en Terapia Sexual y de Pareja, Magíster en Filosofía,
Docente Asociada de la Universidad de Caldas.
* Dirección de correo electrónico: jairo.jimeno03@gmail.com
Resumen
El modelo de función sexual de Helí Alzate (1987) sigue vigente por su capacidad explicativa sobre la sexualidad hu-
mana y las disfunciones sexuales. Propone tres planos: psíquico, somático y comportamental (o externo). Además,
describe cinco fases: apetitiva o de deseo, relacional, estimulatoria, excitatoria y orgásmica.
La fase apetitiva está relacionada con el deseo y la motivación sexual. La fase relacional implica la interacción con el
otro, con uno mismo y la construcción del vínculo sexual. En la fase estimulatoria, se activan los estímulos senso-
riales y psíquicos que favorecen la excitación. La fase excitatoria intensica la respuesta siológica y emocional, y la
fase orgásmica culmina con el orgasmo y la resolución.
El plano psíquico es esencial, ya que sin su activación no puede darse la función sexual consciente. El plano somá-
tico abarca respuestas siológicas como la excitación genital, mientras que el plano comportamental se centra en la
interacción física con la pareja o con uno mismo.
Este modelo permite diferenciar disfunciones sexuales reales de aquellas que no lo son, facilitando el diagnóstico y
tratamiento. Su revisión rearma su valor en la comprensión de la sexualidad y su aplicabilidad en la práctica clínica,
mejorando la atención en salud sexual.
Palabras claves: Función sexual, deseo sexual, excitación, orgasmo, modelo sexual
HUMAN SEXUAL FUNCTION: NEW INTERPRETATIONS OF HELÍ ALZATE’S MODEL
Summary
e sexual function model by Helí Alzate (1987) remains relevant due to its explanatory capacity regarding human
sexuality and sexual dysfunctions. It proposes three planes: psychic, somatic, and behavioral (or external). Additionally, it
describes ve phases: appetitive (or desire), relational, stimulatory, excitatory, and orgasmic.
e appetitive phase is related to sexual desire and motivation. e relational phase involves interaction with others, with
oneself, and the construction of a sexual bond. In the stimulatory phase, sensory and psychic stimuli are activated, enhancing
arousal. e excitatory phase intensies physiological and emotional responses, and the orgasmic phase culminates in
orgasm and resolution.
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e psychic plane is essential, as conscious sexual function cannot occur without its activation. e somatic plane includes
physiological responses such as genital arousal, while the behavioral plane focuses on physical interaction with a partner
or oneself.
is model helps dierentiate real sexual dysfunctions from those that are not, facilitating diagnosis and treatment. Its
review rearms its value in understanding sexuality and its applicability in clinical practice, contributing to improved
sexual health care.
Key words: Sexual function, sexual desire, arousal, orgasm, sexual model
IntroduccIón
El modelo de Alzate (1987) (gura 1) presentado en
su libro sexualidad humana hace ya casi 50 años sigue
vigente, entre otros porque ha demostrado ser amplia-
mente explicativo de la complejidad del funcionamiento
sexual de las personas, y una ayuda útil a la comprensión
de las disfunciones sexuales, permitiendo incluso que se
puedan identicar algunas disfunciones sexuales que no
son verdaderas.
Señaló tres planos, y cinco fases, en donde el plano
psíquico es esencial, teniendo en cuenta que los even-
tos del plano somático periférico, son contingentes, es
decir pueden o no estar presentes, para que se dé el fun-
cionamiento sexual. No así la ausencia de eventos en la
fase psíquica, como el caso de las erecciones nocturnas,
o matutinas de los hombres, o ante una situación de
pánico que pueden tener una erección como respuesta
reeja, pero estos casos no hacen parte de un ejercicio
Figura 1.
2
El modelo representa la secuencia funcional de la sexualidad humana a través de cinco fases: apetitiva,
relacional, estimulatoria, excitatoria y orgásmica. Las líneas continuas con echas indican el curso esperado del pro-
ceso sexual, que inicia con el deseo o apetito sexual y progresa hacia la fase relacional, la estimulación, la activación
de la excitación y nalmente el orgasmo. Por su parte, las líneas punteadas representan conexiones indirectas entre
las fases, que permiten retroalimentaciones no lineales dentro del ciclo. Estas interacciones laterales fortalecen la fase
en la que se encuentra la persona, sin seguir necesariamente el orden secuencial del proceso, y reejan la compleji-
dad e integración dinámica entre los planos psíquico, somático y comportamental implicados en la vivencia sexual.
Función sexual HuMana: nuevas inteRpRetaciones sobRe el Modelo de Helí alzate
REVISTA MÉDICA DE ROSARIO 157
consciente de la función erótica. Menciona también en
las mujeres la ocurrencia de episodios nocturnos de au-
mento de la presión vaginal del pulso y del ujo san-
guíneo vaginal, coincidentes con los períodos de movi-
mientos oculares rápidos del sueño, tal como ocurre en
los varones en estas erecciones nocturnas.
En su libro Sexualidad Humana, ofrece explicacio-
nes al detalle de los fenómenos siológicos que ocurren
en cada fase del funcionamiento sexual, facilitando la
identicación del proceso siológico afectado, y así es-
tablecer una terapéutica más ecaz. Se oponía a que sus
discípulos hablaran de respuesta sexual, e insistía en la
denominación de función sexual, teniendo en cuenta
que en ella intervienen procesos que involucra el plano
psíquico, eventos periféricos, y un componente externo
comportamental.
Fase Apetitiva: plano psíquico o central
El deseo sexual, llamado por Álzate como fase apeti-
tiva, se reere al interés y la motivación consciente para
participar en alguna forma de actividad sexual.
1
Cons-
tituye la primera etapa de la función erótica y se mani-
esta en el plano psíquico o central. Esta fase motiva a
la búsqueda del objeto de deseo y aproximación hacia
éste y facilita la transición hacia la interacción corporal
o la estimulación somatosexual, que puede incluir tan-
to relaciones compartidas como prácticas autoeróticas.
2
Se trata de un proceso dinámico que es constantemen-
te retroalimentado, principalmente por la estimulación
psicosexual y la excitación sexual central.
2
El deseo sexual involucra al menos tres componen-
tes principales, según Levin: impulso (biológico), mo-
tivación (psicológico) y anhelo (cultural).
3
Aunque el
apetito sexual tiene un fundamento biológico, también
está inuenciado por factores socioculturales y presenta
una gran variabilidad individual y circunstancial.
1
Este
fenómeno puede expresarse como un interés en la se-
xualidad compartida o en la sexualidad en solitario, e
incluye pensamientos, sueños y fantasías, que pueden
ser desencadenados por señales internas y externas espe-
cícas para cada individuo.
2,4
Además, abarca múltiples
aspectos de la sexualidad, desde el contacto físico directo
hasta formas inuenciadas por medios de comunicación
o la imaginación.
5,6
Tradicionalmente, el deseo sexual se conceptualiza
en dos dimensiones: el deseo sexual diádico, asociado
al interés en actividades sexuales con otra persona y al
deseo de intimidad y conexión, y el deseo sexual solita-
rio, relacionado con actividades individuales sin impli-
car intimidad ni compartir con otros.
7
Recientemente,
este modelo se amplió al dividir el deseo sexual diádico
en dos subcomponentes: el deseo enfocado en la pareja
y el deseo hacia una persona atractiva en general. Esta
ampliación, validada por su relación con pensamientos
sexuales exploratorios, íntimos y con la satisfacción se-
xual, da lugar a un modelo de tres dimensiones: deseo
sexual diádico enfocado en la pareja, deseo sexual diádi-
co hacia una persona atractiva y deseo sexual solitario.
7
El modelo clásico lineal de la respuesta sexual postu-
la que el deseo sexual precede a la excitación, motivando
la búsqueda de estímulos que culminan en la excitación
y el orgasmo. Álzate, expuso que en el funcionamiento
sexual ocurren eventos de retroalimentación positiva o
negativa entre las fases del funcionamiento, y la ilustró
en su modelo con líneas discontinuas, como por ejem-
plo la excitación refuerza el deseo. Posteriores investi-
gaciones revelaron que algunas personas, especialmente
mujeres, no se identicaban con modelos lineales. Dado
esto, el tanto el modelo del doctor Helí Álzate, como
el modelo de motivación por incentivos sugiere que
el deseo sexual puede ser responsivo, emergiendo ante
estímulos sexuales y la experiencia de excitación. Este
enfoque resalta factores biopsicosociales, como la per-
cepción de la respuesta genital, los estímulos preferidos,
la calidad de la relación y la capacidad de respuesta a los
estímulos, como moduladores esenciales entre la excita-
ción y el deseo sexual.
8
Desde una perspectiva neurobiológica, el deseo se-
xual se basa en un equilibrio complejo entre el sistema
de recompensa, representado principalmente por las
neuronas dopaminérgicas, y el sistema inhibidor.
4
Este
equilibrio permite que el deseo sea tanto un fenómeno
innato como condicionado, inuenciado por contextos
sociales, culturales y emocionales, y que varía signica-
tivamente entre individuos y situaciones.
2
A nivel del sistema nervioso central, el sistema de
recompensa facilita el incremento del deseo y es re-
troalimentado por la excitación sexual;
2
por su parte, el
sistema inhibidor, regulado por vías opioides y endo-
cannabinoides, modula estas respuestas, promoviendo
un equilibrio entre excitación y control.
9
Este proceso
involucra la acción de neurotransmisores y hormonas, y
puede activarse tanto por mecanismos de excitación di-
recta como por la supresión de inhibiciones, reejando
una dinámica adaptativa que puede ser diferente para
cada individuo.
5
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REVISTA MÉDICA DE ROSARIO158
Cualquier condición, evento externo o fármaco que
altere el equilibrio entre los mecanismos de excitación
e inhibición puede impactar negativamente el deseo
sexual. En este contexto, trastornos que afectan neuro-
transmisores u hormonas, como el hipotiroidismo, el
hipogonadismo o la hiperprolactinemia, así como la re-
ducción en la producción de hormonas sexuales durante
la menopausia, están directamente vinculados con una
disminución del deseo sexual.
10
Adicionalmente, se ha planteado que niveles eleva-
dos de dopamina pueden predisponer a comportamien-
tos impulsivos y compulsivos, como la hipersexualidad.
Esta tendencia es particularmente evidente en personas
con enfermedad de Parkinson que reciben terapia de re-
emplazo de dopamina, lo que resalta la inuencia de los
neurotransmisores en la regulación del deseo sexual y en
la aparición de conductas relacionadas.
11
Fase relacional: plano externo
La fase relacional se compone de la motivación se-
xual y el comportamiento asociado de búsqueda y apro-
ximación hacia un objeto sexual; se da en el plano exter-
no o comportamental según el modelo de función eró-
tica
2
y se desarrolla a través de un proceso multifásico.
Este proceso inicia con la exposición a un estímulo se-
xualmente relevante (ya sea externo o interno), seguido
por procesos cognitivos que interpretan dicho estímulo
como sexual y lo integran en el plano psíquico o central.
Esto desencadena una activación tanto siológica como
psicológica, generando un estado motivacional que im-
pulsa a la persona a buscar e interactuar con un objetivo
sexual. Finalmente, intervienen procesos cognitivos adi-
cionales que evalúan la idoneidad del objetivo sexual y
los comportamientos de acercamiento, considerando su
ecacia para lograr los resultados deseados.
12
La motiva-
ción para involucrarse en actividades sexuales depende
de cómo el estímulo se representa a nivel central, lo cual
incluye las recompensas y los signicados que la persona
ha asociado previamente con dicho incentivo.
12
La fase relacional, en conjunto con la fase apetiti-
va, impulsan el desarrollo de la fase estimulatoria en el
plano externo mediante la interacción corporal entre el
sujeto y el objeto.
2
Por ejemplo, en el contexto de una
pareja, esto puede manifestarse con caricias, abrazos o
besos, que refuerzan el vínculo emocional y culminan
en la estimulación somatosexual. Este proceso genera
sensaciones placenteras en el cuerpo del sujeto, como
la activación de zonas erógenas, el aumento de la exci-
tación y otras respuestas físicas que enriquecen la expe-
riencia sexual.
13
Cuando las personas aprenden que ciertos resulta-
dos siguen a un comportamiento, este patrón forma
una predicción sobre lo que es probable que ocurra en
el futuro. La frecuencia con que el comportamiento y el
resultado ocurren juntos determina la fuerza de la expec-
tativa: cuanto más frecuente, mayor la expectativa.
14
Por
ejemplo, si una persona experimenta un orgasmo en cada
encuentro sexual, su expectativa de alcanzarlo en futuros
encuentros será alta, lo que inuirá en su enfoque de re-
lacionarse con el n de llegar a la actividad sexual. Así, el
desarrollo de expectativas es un proceso cognitivo clave
que conecta experiencias pasadas con comportamientos
futuros y motivaciones, como el deseo sexual.
14
La motivación para participar en actividades sexua-
les está inuida por los signicados aprendidos sobre el
incentivo y las recompensas esperadas.
12
La aparición de
la motivación sexual y el consecuente comportamiento
de acercamiento sexual implica un proceso de múltiples
etapas que incluye: la exposición a un estímulo relevan-
te sexualmente (externo o interno), procesos cognitivos
que interpretan dicho estímulo como sexual e incitan la
activación siológica y psicológica, el surgimiento de un
estado motivacional que impulsa a la persona a buscar
un objeto sexual, y procesos cognitivos que evalúan la
idoneidad de los objetivos sexuales y los comportamien-
tos de acercamiento sexual, considerándolos probable-
mente ecaces para alcanzar los resultados deseados.
12
Las experiencias positivas que un individuo viva du-
rante su fase relacional fomentarán la búsqueda de nue-
vas experiencias sexuales placenteras. Por el contrario,
si estas experiencias son percibidas como negativas, la
motivación se verá afectada, generando el efecto opues-
to.
15
En las relaciones diádicas, esto puede extrapolarse
a las dinámicas de pareja marcadas por violencia y en las
relaciones con el sujeto mismo, o una educación sexual
erotófoba que inuye de manera negativa en los com-
portamientos sexuales de cada individuo con su propio
cuerpo.
16
Es relevante considerar que las personas que han ex-
perimentado abuso sexual tienden a utilizar la evitación
como un mecanismo de afrontamiento, derivado de la
angustia emocional asociada con un trastorno de estrés
postraumático no tratado.
17
Además, la posibilidad de
un encuentro sexual en pareja, especialmente cuando
no existe una conexión emocional signicativa, puede
actuar como un factor disuasorio para el deseo sexual.
12
Función sexual HuMana: nuevas inteRpRetaciones sobRe el Modelo de Helí alzate
REVISTA MÉDICA DE ROSARIO 159
La seguridad social, que incluye conexión conable,
pertenencia, inclusión, reconocimiento y protección so-
cial, constituye un principio organizador fundamental
del comportamiento humano y favorece el desarrollo de
relaciones interpersonales.
18
Es crucial señalar que, en términos de deseo diádi-
co, hay varios tipos potenciales de parejas sexuales, cada
contexto interpersonal tiene el potencial de provocar di-
ferencias en los signicados y resultados del sexo con esa
persona.
12
Especialmente para las mujeres, la búsqueda
de intimidad con su pareja durante la fase relacional
puede ser lo que desencadena el deseo sexual.
12
En el contexto relacional de la función erótica, la
atracción sexual se ha entendido históricamente de ma-
nera rígida, aunque investigaciones como las de Kinsey
hace más de 60 años evidenciaron una gradación en los
comportamientos sexuales.
2
Existe una confusión fre-
cuente entre orientación y comportamiento sexuales,
este último, inuido por factores como la atracción, la
disponibilidad, las fantasías y el acto en sí.
19
Tradicio-
nalmente, la orientación sexual se ha categorizado en
términos binarios entre heterosexualidad y homosexua-
lidad, con la bisexualidad como punto intermedio. Sin
embargo, las clasicaciones actuales se inclinan hacia
modelos no binarios que reejan mayor diversidad en
los comportamientos sexuales.
19
Al hablar de función sexual en el contexto relacional,
es importante considerar también los psicológicos y so-
ciales que inuyen en ella. En este contexto, el estigma
sexual interiorizado puede convertirse en un obstáculo
importante, ya que afecta la forma en que las personas
se relacionan consigo mismas y con otros, dicultan-
do el desarrollo de vínculos eróticos saludables.
20
Este
estigma, originado en la socialización en contextos he-
terosexistas con actitudes negativas hacia la diversidad
sexual, se traduce en autodesprecio y vergüenza hacia la
propia orientación, incorporados en el sistema de creen-
cias personal.
20
Sus manifestaciones incluyen actitudes
negativas globales hacia la diversidad sexual, incomo-
didad al revelar la orientación sexual, desconexión de
comunidades LGB y rechazo hacia la actividad sexual
con personas del mismo sexo.
20
Estas dinámicas generan un impacto profundo en la
identidad, la autoestima y las relaciones objetales, di-
cultando la búsqueda y el acercamiento al objeto sexual
deseado.
21
Comprender estas barreras es esencial para
abordar las limitaciones que el estigma sexual interiori-
zado impone en la función erótica relacional y para fo-
mentar una experiencia sexual y afectiva más auténtica
y satisfactoria.
21
Fase estimulatoria: Plano psíquico, somático y com-
portamental
La fase estimulatoria se desarrolla en tres planos in-
terconectados. En el plano psíquico existe una retroali-
mentación bidireccional con la excitación sexual, donde
los pensamientos, emociones y expectativas inuyen y
son inuenciados por la respuesta erótica. En el plano
somático, la estimulación sensorial del cuerpo genera
una activación siológica de la excitación. Finalmente,
en el plano comportamental, la interacción con el ob-
jeto de deseo ya sea otra persona o el propio cuerpo,
fomenta la estimulación somatosexual, potenciando así
las respuestas físicas de excitación.
2
El tacto es un poderoso mecanismo para inducir la
excitación sexual, tanto a través de caricias de la pareja
como mediante la autoestimulación. La estimulación
sexual impulsa el comportamiento erótico a través de
mecanismos siológicos periféricos y centrales, así como
de factores emocionales y motivacionales. Aunque los
estímulos visuales y auditivos pueden desempeñar un
papel, la estimulación táctil es un desencadenante fun-
damental de la respuesta erótica.
22
La piel en su totalidad
actúa como un órgano somatosensorial en la experiencia
sexual tanto en hombres como en mujeres, especialmen-
te durante la actividad sexual con una pareja.
Durante la masturbación, la supercie corporal
involucrada en la respuesta erótica suele ser menor en
comparación con la interacción sexual en pareja, lo que
subraya la importancia del contacto táctil con zonas
extragenitales en la modulación de la excitación. Se ha
observado que aproximadamente el 24% del total de
la supercie corporal puede generar excitación sexual
cuando es estimulada por una pareja.
23
En este contexto, el cuerpo humano en su conjunto
responde a la estimulación somatosensorial para des-
encadenar excitación sexual. Existe una organización
topográca clara entre las zonas erógenas primarias y
secundarias, con capacidades diferenciales para inducir
excitación. Mientras que las zonas primarias responden
tanto a la autoestimulación como al contacto externo,
las zonas secundarias son particularmente sensibles a la
estimulación producida por otra persona.
23
Esta selec-
tividad sugiere que las zonas erógenas secundarias des-
empeñan un papel clave en el establecimiento y mante-
nimiento del vínculo de pareja, resaltando la relevancia
Rev. Méd. RosaRio 91: 155-163, 2025
REVISTA MÉDICA DE ROSARIO160
del sistema somatosensorial en la interacción social y el
comportamiento sexual humano.
22
Las personas que priorizan la interacción a través del
tacto muestran una mejor regulación de las vías neu-
roendocrinas relacionadas con el estrés y las hormonas
sexuales, facilitando la liberación de oxitocina, vincula-
da al apego, y manteniendo un adecuado equilibrio en
el eje hipotálamo-hipósis-gonadal, esencial para una
función erótica saludable.
22
Menciona Álzate que “cualquier tipo de estímulo
(síquico o somático), siempre que sea adecuado, puede
hacer entrar al sujeto en la fase excitatoria. Sin embargo,
son los estímulos táctiles los que usualmente permiten a
la persona excitarse hasta el orgasmo; la intensidad y la
duración de estos estímulos ecaces varían individual-
mente”.
2
Cualquier condición que altere la sensibilidad o la
transmisión de señales somatosensoriales puede com-
prometer la fase estimulatoria, afectando la experiencia
erótica. Su abordaje dependerá de la causa especíca y
requerirá estrategias adaptadas a cada caso.
Fase excitatoria: plano psíquico y somático
La excitación sexual se dene como un estado emo-
cional o motivacional que surge a partir de estímulos
internos o externos y que implica una combinación de
mecanismos siológicos, psicológicos y conductuales,
manifestándose a través de respuestas centrales, perifé-
ricas y comportamentales.
24,25
La fase excitatoria del modelo de función sexual de
Alzate, se experimenta en dos dimensiones: el plano psí-
quico y el plano somático, interactuando dinámicamen-
te entre sí.
2
La excitación sexual producida en el plano
psíquico, también conocida como excitación subjetiva,
se dene como un estado de compromiso mental positi-
vo, que se encuentra enfocado en respuestas a estímulos
sexuales.
26
Alzate la denió como la percepción subje-
tiva del continuo de sensaciones placenteras inducidas
por la estimulación sexual.
2
La excitación psíquica recibe señales de la fase esti-
mulatoria, los cuales provienen tanto del plano psíqui-
co, a través de la activación psicosexual, como del plano
somático, mediante la estimulación somatosexual (cor-
poral) del sujeto.
2
Esta interacción genera una retroali-
mentación positiva con la fase apetitiva o fase de deseo
sexual, lo cual incrementa progresivamente el nivel de
excitación psíquica.
2
Este proceso intensica los estí-
mulos provocadores, como los recuerdos de sensaciones
previas, los sueños y las fantasías.
27
De este modo, se
establece un circuito continuo que sostiene y potencia
la excitación sexual psíquica mientras persista una esti-
mulación sexualmente positiva.
La excitación psíquica depende de la atención a es-
tímulos eróticos y de su valoración positiva.
28
Aunque
la respuesta genital es mayormente automática, la exci-
tación psíquica varía según la percepción de las señales
sexuales y otros factores, como la relación la pareja, las
propias sensaciones genitales, las creencias y actitudes
sobre la sexualidad, así como antecedentes de abuso se-
xual y experiencias sexuales negativas.
26
En el plano somático, la excitación sexual es desen-
cadenada por estímulos provenientes del plano psíquico,
generando cambios y respuestas físicas.
2
Esta respuesta
física se ve reforzada por los estímulos sensoriales exter-
nos y los estímulos internos experimentados durante la
actividad sexual, lo que potencia aún más la experiencia
y las manifestaciones somáticas de la excitación.
4
Entre
los cambios somáticos compartidos en ambos sexos se
encuentran el aumento de la frecuencia cardíaca, aumen-
to de la presión arterial, sudoración, dilatación pupilar,
enrojecimiento de la piel y la vasocongestión genital.
26,29
Sin embargo, también se observan diferencias espe-
cícas entre los hombres y las mujeres. En los hombres,
la vasocongestión provoca la relajación del músculo ca-
vernoso del pene y la vasodilatación de la arteria caver-
nosa, resultando en la erección.
30
En las mujeres, ocurre
vasodilatación de los capilares vaginales produciendo
una vasocongestión que genera lubricación vaginal y
vasocongestión vulvar, resultando en la tumescencia cli-
torídea, pues este no alcanza la erección, por ausencia
de la túnica albugínea que sí presente en el hombre
4,31
Además, en ambos sexos, se registra un aumento de la
temperatura genital, reejando la activación siológica
característica de esta fase.
29
Los cambios observados en el plano somático se
consideran una respuesta contingente a la excitación
psíquica.
32
Por ejemplo, una mujer puede experimentar
excitación psíquica sin manifestar una respuesta somáti-
ca, como la lubricación vaginal. Esto no necesariamente
se debe a la falta de estímulo psíquico, sino a condi-
ciones como el hipoestrogenismo o la diabetes mellitus,
que afecta la respuesta genital femenina.
33,34
De manera
similar, un hombre puede experimentar excitación psí-
quica, pero debido a una diabetes mellitus descompen-
sada, no logra traducir esa excitación en una respuesta
somática, como la erección.
35
Función sexual HuMana: nuevas inteRpRetaciones sobRe el Modelo de Helí alzate
REVISTA MÉDICA DE ROSARIO 161
El modelo acá presentado permite identicar que,
en ausencia de excitación psíquica, la falta de erección
corresponde una “falsa disfunción, puesto que, en au-
sencia de la excitación sexual, siológicamente se espera
la ausencia de erección. Pero cuando un hombre tiene la
percepción subjetiva de estar excitado sexualmente, y no
logra la erección se estaría en presencia de una “verdade-
ra” disfunción erectiva. Así, para que haya una verdadera
disfunción excitatoria (en el plano síquico) se requiere
que el apetito sexual esté presente y la pareja sea erótica-
mente atractiva para el varón.
Fase orgásmica: plano psíquico y somático
El orgasmo es una experiencia subjetiva, variable de
placer intenso que produce un estado alterado de con-
ciencia y se puede acompañar de aumento de la frecuen-
cia respiratoria, la frecuencia cardiaca y la presión arte-
rial.
36
El orgasmo también se ha descrito como la per-
cepción subjetiva de haber llegado a un clímax sensorial
claramente identicado durante la actividad sexual.
36
La fase orgásmica, la última etapa en el modelo de
función sexual de Alzate, se maniesta en dos dimensio-
nes: el plano psíquico y el plano somático. En el plano
psíquico se encuentra el orgasmo psíquico, que abarca
las experiencias evaluativas y afectivas vinculadas al or-
gasmo.
37
Por su parte, en el plano somático se presentan
manifestaciones somáticas del orgasmo las cuales inclu-
yen sensaciones siológicas asociadas a esta fase.
38
El orgasmo psíquico hace referencia a la evaluación
subjetiva de las sensaciones del orgasmo.
37
Surge como
resultado de los estímulos provenientes de la excitación
psíquica, siendo esta fase su principal origen. Es en este
plano donde se integran dichas estimulaciones, culmi-
nando en las manifestaciones somáticas del orgasmo.
2
El orgasmo psíquico se relaciona estrechamente con
el deseo sexual diádico centrado en la pareja, mientras
que su conexión con el deseo sexual diádico hacia per-
sonas atractivas o el deseo sexual en solitario suele des-
cribirse como menos signicativo.
37,39
Sin embargo, las
mujeres suelen reportar una mayor percepción del or-
gasmo subjetivo que los hombres, incluso en contextos
dominados por el deseo sexual en solitario.
40
La expresión orgásmica en el plano somático o
periférico se maniesta a través de diversas respuestas
corporales.
2
Aunque los mecanismos para alcanzar el
orgasmo son similares en hombres y mujeres, se ana-
lizan de manera separada debido a las diferencias en
los sistemas genital, nervioso y hormonal entre ambos
sexos.
41
En general, el orgasmo se caracteriza por con-
tracciones rítmicas de los músculos del suelo pélvico
en ambos sexos, aunque en los hombres suele estar
acompañado por la eyaculación en la mayoría de las
veces.
42
En el plano somático, el orgasmo en las mujeres se
caracteriza por contracciones involuntarias y rítmicas
de los músculos estriados pélvicos circunvaginales. En
algunos casos, también puede incluir contracciones ute-
rinas y anales, junto con miotonía, lo que contribuye
a aliviar la vasocongestión provocada por la excitación
sexual.
43
Inicia mediante la activación de los receptores
del complejo clitoriano y vulvar,
44
y culmina con la ac-
tivación de las bras simpáticas ubicadas entre T12 y
L1.
45
Este reejo organiza de siete a ocho contracciones
rítmicas de músculos esqueléticos, como los perineales,
bulbocavernosos y pubocoxígeos (elevadores del ano),
junto con una liberación súbita de neurotransmisores y
hormonas como dopamina, opioides, serotonina, pro-
lactina y oxitocina.
45
Durante el orgasmo, algunas mujeres pueden li-
berar uidos desde la región genital, un fenómeno
conocido como orgasmo eyaculatorio.
46
La prevalen-
cia del orgasmo eyaculatoria varia de un 10 a 54%.
47
Dentro de este proceso se identican dos mecanismos
principales: la eyaculación femenina y el squirting.
48
Los estudios disponibles, aunque limitados, conr-
man que ambos son fenómenos distintos con orígenes
anatómicos y secreciones diferentes.
49,50
La escasez de
información clara sobre la eyaculación femenina y el
squirting a menudo genera confusión y malentendidos,
lo que puede llevar a algunas mujeres que no los ex-
perimentan a sentir una falsa sensación de imperfec-
ción sexual.
51
Además, esta desinformación contribuye
a expectativas poco realistas de placer sexual tanto en
hombres como en mujeres.
51,52
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