Rev. Méd. RosaRio 91: 242-244, 2025
REVISTA MÉDICA DE ROSARIO242
DE LA ENFERMEDAD A LA PERSONA O DE LA PERSONA A LA
ENFERMEDAD
albeRto Ruiz CanteRo
1
*
1 Médico especialista en Medicina Interna
Exjefe de Servicio de Medicina Interna. Hospital de la Serranía. Ronda (Málaga). España.
Planteado el dilema, se puede responder desde una
perspectiva docente desde dos escenarios:
Escenario 1: persona de 78 años, profesional con
estudios universitarios, con antecedentes clínicos de in-
suciencia cardíaca crónica, diabetes mellitus tipo 2 con
retinopatía diabética, hipertensión arterial y enferme-
dad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Barthel, 60
puntos. Vive en barrio residencial, en la tercera planta
de un edicio con ascensor. Persona cuidadora, su espo-
sa ayudada por su hija.
Escenario 2: persona de 78 años, realizó estudios pri-
marios, con antecedentes de insuciencia cardíaca cró-
nica, diabetes mellitus tipo 2 con retinopatía diabética,
hipertensión arterial y EPOC. Barthel 60 puntos. Vive
sola, en barrio en proceso de gentricación, en la tercera
planta de un edicio sin ascensor.
Persistimos en la atención sanitaria basada en mode-
los lineales: atención centrada en la enfermedad o cen-
trada en el paciente. En el primer caso, Medicina Basada
en la Evidencia (MBE), con el desarrollo de protocolos,
vías clínicas, guías de práctica clínica…En el segundo,
el paciente, los ocho Principios de Picker. El Dicciona-
rio Panhispánico de Términos Médicos (DPTM) dene
paciente “persona que recibe o va a recibir atención mé-
dica, ya sea por padecer una enfermedad o con nes pre-
ventivos” y continúa diciendo que “se usa con frecuen-
cia de manera laxa como si fuera sinónimo de enfermo”.
Sabemos que a medida que avanza la edad
1
se produ-
ce una perdida de la reserva multisistémica y funcional,
enraizada con los determinantes biológicos y que está
asociada con mayor susceptibilidad para presentar en-
fermedades crónicas, que se hace clínicamente evidente
como la presencia de múltiples enfermedades crónicas
en una misma persona. Cuando se ha alcanzado un cier-
to umbral de deterioro depara pobre calidad de vida,
discapacidad, interacciones medicamentosas, interac-
ciones medicamentos-enfermedad, hospitalización y
mortalidad. Así, conocemos
2
que en personas de más
de 80 años pueden presentar ocho o más enfermedades
crónicas.
En el estudio de Lee
3
se entrevistan a 11.113 perso-
nas ≥ 65 años (representando 37,1 millones de estadou-
nidenses), el 75% tenían una edad ≥ 76 años, el 58%
eran de género femenino. Existía concurrencia de cin-
co condiciones altamente prevalentes: 3 enfermedades
(cardiopatía isquémica, insuciencia cardíaca y diabetes
mellitus) y 2 síndromes geriátricos (incontinencia uri-
naria y caídas con lesión). Tenían el 56% al menos 1
condición, tenían ≥ 2 condiciones adicionales (20-55%)
y el 23% ≥ 2 condiciones. El perl con más condiciones:
edad avanzada, mujer, vivir sola o residir en residencia
de personas mayores. Por tanto, se debe hacer un abor-
daje integral y coordinado de las enfermedades conco-
mitantes y síndromes geriátricos.
En esta situación surge una disyuntiva, la comorbili-
dad o la multimorbilidad. La comorbilidad,
4,5
se dene
como cualquier entidad clínica que ha existido o que
podría ocurrir durante el curso clínico de un paciente
que tiene una enfermedad índice bajo estudio. La mul-
timorbilidad, denida por la Organización Mundial de
la Salud (OMS) como la presencia de dos o más condi-
ciones crónicas. El problema de la multimorbilidad es
* Dirección de correo electrónico: aruizc@telefonica.net
de la enfeRMedad a la PeRsona o de la PeRsona a la enfeRMedad
REVISTA MÉDICA DE ROSARIO 243
que hay distintos autores e instituciones
6,7
que la de-
nen de forma diferente, por lo que los estudios no son
comparables. Aún así es más asertivo hablar de multi-
morbilidad, pluripatología o múltiples enfermedades o
condiciones crónicas que de comorbilidad. Esto conlle-
va a una visión más holística, integradora y generalista.
La comorbilidad es una visión especialista, que conlleva
problemas al ser atendida una persona por varios espe-
cialistas de forma multidisciplinar (actúa cada uno de
forma independiente) y sus consecuencias son aumentar
el número de errores tanto diagnósticos como terapéuti-
cos y la polifarmacia.
3
Hay que tender a una asistencia
interdisciplinar (atendido por varios profesionales de
forma coordinada y con un n común). Otro problema
añadido es el uso de la MBE, distintas guías para dis-
tintas enfermedades en el que pueden existir contradic-
ciones, sobretodo terapéuticas, ya que las mismas están
vinculadas a la enfermedad.
En los dos escenarios, ambas personas presentan las
mismas enfermedades pero hay algunos hechos relevan-
tes, entre otros que las diferencian, como las siguientes:
a) El nivel educativo,
8,9,10
que inuye directamente so-
bre la esperanza de vida y la salud. Cuanto mayor sea di-
cho nivel, mayor será la esperanza de vida y mejor salud.
b) La soledad,
11,12
tiene implicaciones signicantes con
varias enfermedades físicas y mentales como la depre-
sión, el alcoholismo, problemas cardiovasculares, di-
cultades del sueño, alteración del sistema inmunológi-
co, enfermedad de Alzheimer, estado de salud general y
mortalidad temprana. c) El nivel socioeconómico
13,14,15
es un factor de riesgo en gran medida no reconocido en
la prevención primaria de enfermedades cardiovascula-
res (ECV). Las puntuaciones de riesgo que excluyen la
privación socioeconómica como covariable subestiman
y sobrestiman el riesgo en las personas más y menos
desfavorecidas, respectivamente. Este estudio destaca
la importancia de incorporar el estado de privación so-
cioeconómica en los sistemas de estimación de riesgo
para, en última instancia, reducir las desigualdades en la
prestación de servicios de salud para las ECV. El estatus
socioeconómico (ESE) tiene un efecto medible y signi-
cativo en la salud cardiovascular. Los factores de riesgo
biológicos, conductuales y psicosociales que prevalecen
en las personas desfavorecidas acentúan el vínculo entre
el ESE y la ECV. Cuatro medidas se han asociado siste-
máticamente con ECV en países de altos ingresos: nivel
de ingresos, nivel educativo, situación laboral y factores
socioeconómicos del vecindario.
Así, si la atención se centra en las enfermedades o
en los propios pacientes, se obviarán las condiciones de
vida que son las que los hacen diferentes. De la primera
forma se estará extendiendo una visión transversal
16
en
la que todos son iguales, y en la segunda (determinantes
sociales de la salud) se visualizará una perspectiva indi-
vidual que es la que nos hace ser personas.
Es más importante saber qué tipo de persona tiene una
enfermedad que saber qué tipo de enfermedad tiene una
persona” (frase atribuida a Hipócrates, 460-377 a. C.).
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